Fractura al dejar Purmamarca

Posteado el 09-01-2013

Despertamos a las 6 de la mañana con la intención de continuar viaje rumbo al sur. Yala era nuestro nuevo destino, un pueblito cercano a San Salvador de Jujuy.

Termine de ensillar a mi compañera con todos los bártulos encima y nos pusimos a cargar “La Pinta”, como santy bautizó a su bici. De repente, un “crack” se escuchó a nuestro alrededor. Con santy nos miramos como preguntándonos si a alguno de los dos se nos hubiera quebrado un hueso, pero al constatar que aquel sonido no provenía de nuestro interior, percatamos que el portaequipaje de “la pinta” se había lesionado gravemente. No hacía falta una radiografía ni una resonancia, era evidente la fractura expuesta en la pata derecha del compartimento. Sin desesperar y con la “paciencia” de un traumatólogo nos propusimos enmendar dicha lesión. Nuestro mecánico y amigo “Fede Gimeno” había previsto que con el andar y el peso de las alforjas esto podía ocurrir, de modo que nos adjunto unas patitas de repuesto para intercambiar en caso que esto llegara a ocurrir. Tornillo por tornillo y renegando más de la cuenta, pudimos darle el alta a “la pinta” para continuar viaje, recomendándole que no sobrecargara la pata derecha por unos días.

La idea de salir temprano se había esfumado con las horas. Salimos a la ruta a las 9:30 am, con un ojo adelante y otro en la pata coja de la bici cuidando que no se fuera a sentir nuevamente.

Bajamos los 3 kms que separan Purmamarca de la ruta 9 en menos de 5 minutos. Lo que el día anterior nos había costado casi 45 minutos aquella mañana lo haríamos en un abrir y cerrar de ojos. Tomamos la 9 y Eolo seguía firme con su marcha hacia el norte. El viento, que durante los primeros días nos había recibido con los brazos abiertos, por segundo día consecutivo nos daba la espalda. Gracias a dios estaba un poco nublado y el sol no nos castigaba como de costumbre. Las subidas nos vinieron a visitar y se quedaron por largo rato hasta que un hermoso cartel anunció un descenso pronunciado y arremetimos por una bajada con curvas y contra curvas a una velocidad, que la verdad, por momentos daba miedo. Sentir el viento en la cara, respirar aire puro, sentir como si estuvieras volando esa es la sensación que uno experimenta en estas ocasiones. También se sienten los bichos que se estrellan con nuestros lindos rostros pero bueno, eso también es parte de la libertad.

A pocos kms de Yala preguntamos a un policía que custodiaba el camino, si conocía el camping “El refugio” y si sabía cuan distante estábamos de él. Nos entusiasmó mintiéndonos que faltaban solamente 5 kilómetros. Nuestro reloj marco los 8km y ni noticias de nuestro preciado refugio. Recién a los 10km divisamos el cartel de lo que sería nuestra casa durante los próximos 3 días. Bajamos con nuestras naves hasta la administración y allí nos recibieron Luis, el encargado, y Joaquín Carrillo el dueño del camping. Muy amablemente nos dejaron acomodar donde nosotros quisiéramos. Armamos campamento, nos pegamos la mejor ducha hasta el momento y a Comeeeeerrrrrr ¡!!

Luego de nuestra ingesta voraz que ya nos caracteriza, decidimos tirar nuestros aislantes en el pasto y disfrutar de una linda y refrescante siesta. Al despertar armamos un debate sobre la necesidad imperiosa de comer un asado esa misma noche en honor a nuestra segunda batalla ganada contra el viento. Por mayoría absoluta se decretó que la cena consistiría en un regio asado para dos. Más aún, en un apartado y haciendo abuso de facultades que no posee, el tribunal dictaminó que dada la belleza del lugar permaneceríamos dos noches en aquel sitio.

Gracias a nuestros amigos de “El club del acampante” que nos habían contactado con Joaquín Carrillo, que además de ser el dueño de El Refugio, es una gran persona y un excelente fotógrafo, disfrutamos de 3 días maravillosos al aire libre y por sobre todas las cosas al otro día viviríamos un lindo agasajo en la apertura de la temporada de turismo de la provincia de Jujuy.

Comentarios

Todos los derechos reservados - Fundación Aventurarse - Diseño Web Facundo Abbiatti - Programación Augusto Santini